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Continuidad de los Bosques

 “ The woods are lovely, dark and deep...” Robert Frost Soy cuidador de una cabaña. La cabaña está bien adentro de una serie de bosques, todos simétricamente alambrados. Hay una ruta que corre de Este a Oeste, llegando al kilómetro mil novecientos setenta y dos, a mano izquierda, hay una tranquera de fierro. Entrando por esa tranquera y siguiendo el camino de tierra, unos quinientos metros más o menos, está la cabaña. Mi trabajo consiste en mantener la limpieza y el orden, en ese orden de prioridades. No es mucho: regar el parque y juntar las hojas cada vez que hay viento, no más. Mi casa está unos veinte metros más allá de la cabaña. Allí tengo mis pocas cosas: mis muebles, mi guitarra, mis libros. Los dueños de la porción de bosque y de la cabaña son unos ingleses, un matrimonio más bien joven. Ellos la compraron hará cosa de un año y medio ya. Antes, era de una familia de rusos, ellos venían siempre: era una familia numerosa, todos los fines de semana alguien cum...

Teatro en la Superficie

Es medianoche. Hay alguna especie de celebración. La casa está llena de rostros repetidos, familiares, aborrecidos. La música, densa, lenta pero estridente, aparenta ser un jazz. Alguien enseña un álbum de fotografías. El hombre sonríe, o cree sonreír, o desfigura la cara en una mueca que todavía quiere creer una sonrisa. Parece intentar recordar algo, acaso de su infancia, pero trabaja solo, porque carece de un objeto físico como ese álbum de fotografías, que sostenga y reavive sus recuerdos. Está bebiendo un bourbon. Mira por la ventana trasera, hacia el sur, aún más al sur, hacia donde debería estar la casa vieja de sus padres y abuelos, la casa de su infancia, la que se quemó en el noventa y nueve. Sale, se detiene un rato en el porche y se sienta. Mira la luna (está en cuarto menguante) y sigue bebiendo. De repente, se levanta. Enciende un cigarrillo y, sin dejar de beber su copa, apenas notándolo, comienza a caminar. Camina despacio al principio, arrastrando los pasos. S...

Camino al Vino Tinto

Día 1. Santiago llegó temprano, a eso de las nueve y media, y ya habíamos lavado un tanque de doscientos litros para el primer mosto. El viejo Ares había llegado a las siete de la mañana, ahora viene en bicicleta, porque dice que en colectivo gasta mucho. Yo le digo que el gasto no lo hace él sino Santiago, que él le da la plata para el pasaje aparte. Él chasquea la lengua mientras saca la tabaquera y se va armando un cigarro (el décimo de la mañana, le calculo). “Para el caso es lo mismo” , dice. Yo pienso: “Éste ahora se va a venir más temprano y se va a ir más tarde para que no vean que viene en bici” . Santiago miró un rato, dio un par de indicaciones y se fue. Seguro a la tarde se pega otra vuelta, ojalá se acuerde y me traiga un colador como la gente, lo vamos a precisar. Con suerte, hoy molemos todo el Cabernet, serán unos trescientos cincuenta kilos. “ Dale, fumate un armado” , me dice el viejo Ares, ya me armó uno. Un día de estos dejo de fumar. Pego la primera pitada,...

El Infiernísimo

Salmos, CXXXIX, 8. La foto De izquierda a derecha. Parados: Pablo Briones (mejor conocido como “el Loco Canción” ), el Carucha (orejón, los ojos siempre entrecerrados), los mellizos Juan y Santiago Del Pozo, el chileno Harold (que le decían “Chileno” , por la tonada, se había criado en Mendoza), Facundo Parra, Matías Montenegro (el “Rulo” ), el “Nene” Sapienza, Hugo Miranda y yo (el único con saco y anteojos negros, claro). Sentados: Hernán Paillalef, Lalo Briones (primo de Pablo), Juan Pannunzio (el “Pibe Palangana” ), Samuel Santana, el Juanca Di Lorenzo con su hijo de siete años (idénticos, calcados), el “Chita” Martínez y Manuel Tadeo Jiménez. Todos estos nombres están más o menos cambiados, más o menos inventados (menos los apodos). Mejor así, para que no estorben. Para que no me ganen la bronca o la tristeza, para que haya una distancia entre esas personas y yo ahora, al hablar de ellos y de esos tiempos. La llegada Llegué a Cabo Esperanza en pleno ver...