El hombre no tiene marcas ni cicatrices: es uno más en el andén. Lleva un bolso al hombro, la espalda levemente inclinada por el peso. Uno más entre muchos a mitad de camino de la vida, viviendo a expensas del tiempo. La verdad va mintiéndose de a ratos, deconstruyéndose entre retratos y muebles, entre retazos del antes y restos del porvenir, armando desde la ficción o la esperanza (los recuerdos sobran o duelen)... Uno más en la estación viviendo a expensas de la vida, pagando al vida con vida, uno más a mitad de camino del destino. Uno sin marcas ni cicatrices visibles, la espalda doblada por el tiempo (lo que más pesa es lo ausente)... Foto: Natalia Buch
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