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Entradas

Culpabilidad

“He’s in prison now, being punished: and the trial doesn’t even begin till next wednesday: and of course…” Lewis Carroll, “Through the looking glass”, V. Si hubiera abierto los ojos inmediatamente después de despertar, hubiese sido más fácil aceptarlo, menos doloroso. Pero los dejó cerrados, imaginó otros días, otros cuartos, otros olores circundándolo, mordiéndolo. Recordó lugares y rostros semiolvidados, semisepultados en la memoria de siete años atrás. Siete años atrás constitución defensa al mil seiscientos luisa descalza preparando el almuerzo olor a orégano intensísimo qué estás pensando el arma tibia bajo la almohada los dedos fervorosos pienso en el futuro. Ahora mira la pared, o el techo, no está muy seguro todavía ya que, desde cualquier punto de vista, las seis caras internas de la celda que lo contienen son idénticas, aún la de abertura de ingreso y salida que en otras construcciones llaman puerta. Aquí, sin embargo, esta abertura, eternamente cerrada, ha per...

Obras Incompletas

Había intentado soñar con él durante un mes entero. Porque creo (en realidad, sé ciertamente) que tengo poder sobre mis sueños. Puedo soñar lo que se me venga en gana, cualquier cosa. Solamente tengo que desearlo verdaderamente, con toda mi alma. Otro secreto, fundamental, consiste en que el objeto, persona o situación a soñar sea la última cosa en la cual piense antes de dormir definitivamente. Desde hace dos años, aproximadamente, cuando descubrí mi poder, vengo eliminando sueños. El primero que tuve, aún lo recuerdo, fue con la novia de un amigo. También soñé con que ganaba la lotería, por supuesto. Y soñé (muchas veces, desde innumerables ángulos) que metía el golazo del triunfo en la final del campeonato mundial de fútbol. Pero al principio, claro, eran todos sueños primarios. No se diferenciaban demasiado de los que tenía antes, de mis sueños espontáneos, normales. Entonces, me hice más ambicioso. Comencé a soñar retrospectivamente, con el pasado antes que con el futuro. A...

El Charco Eterno

“...entonces el tiempo se convierte en tu desdicha”. William Faulkner 13 de enero. Llueve desde hace tres días. Estoy escribiendo, quizá impulsado más por la necesidad de hacer algo que por la necesidad de contar nada. Estoy escribiendo, como otros hacen ejercicio, trabajan o miran televisión. Para poblar el tiempo, para variar esta enfática mediocridad, para no embrutecerme o para terminar de embrutecerme del todo. De cualquier forma, no hay demasiado que contar, al menos en lo que respecta a hechos físicos. Probablemente, más tarde o más temprano, termine escribiendo de él. Quizá sea lo único que refiera, directa o indirectamente. Se lo llevaron hace mucho tiempo, y lo raro es que tal vez ya ni siquiera lo recuerde por sí mismo, sino, apenas, como un símbolo. 15 de enero. Éramos chicos. Desde que habíamos empezado a cursar a la mañana, íbamos todas las tardes, a las cinco en punto, a la salida de la escuela de las monjas, para ver a las chicas en polleritas. Por su...

Virginia en Once

Mañana pálida de marzo, para mitigar, para cubrir, para ocultar, para amortajar. Saliste a caminar. Llovía. La escena era conmovedora y clásica. Avanzabas lenta, distraída, densa. La lluvia caía con fuerza titánica, rebotaba contra el pavimento y volvía a llover desde abajo. Te dejaste llevar, pensando casi en nada. Miraste.     Pocas personas, aquí y allá, surgían y desaparecían, se aventuraban a la intemperie y se amparaban en los rincones. La lluvia los borroneaba, se los llevaba y volvía a traértelos. Vos mirabas, entre curiosa e indiferente. Todos te atraían en algún sentido. Un canillita voceaba su periódico en algún lugar. Solamente lo escuchaste. De repente, sentiste que el obsesivo viento del otoño estaba jugando con vos. Entonces lo ignoraste. Abandonaste los sonidos y te dejaste llenar por las imágenes. Pero todo estaba inmóvil, todo era fantasma. Sacaste un cigarrillo de algún lugar y lo encendiste. Pero la lluvia enemiga la apagó, lo inundó, lo dest...

Epílogo Histórico

Cuando descubrí a Diego Reis tendría unos dieciséis, diecisiete años. En ese entonces, estaba escribiendo un extenso poemario de innegable influencia simbolista titulado Laodicea , en doble alusión a la ciudad bíblica y a la obra homérica. Este barroco volumen, según supe, fue convenientemente entregado a las llamas. Si tuviese que arriesgar alguna definición de Diego Reis, diría que es el poseedor de una memoria acaso excesivamente hospitalaria y una prácticamente incansable capacidad para la observación y el análisis. Todo lo cual para un poeta sería desastroso, sino viniera en su salvación esa voluntaria tendencia suya de combinar, de falsear, de abstraer. Lector empedernido de los griegos, buscador infatigable de las fuentes. Si en algo nos parecemos, pienso, es en el afán de registrar. El charco eterno (opera prima de Diego Reis) no es una simple reunión arbitraria de cuentos: es el conjunto firme, homogéneo de nueve relatos donde todas las palabras están “mirando para el...

Diego Reis

Diego Reis nació en La Boca y creció en General Roca (Río Negro). Ha sido becado en el género Narrativa por la Fundación Antorchas (2002-2003) y por el Fondo Nacional de las Artes (2007).  Ha publicado los libros “El Charco Eterno” (El Camarote Ediciones, 2009), “Lo Levemente Ajeno” (El Suri Porfiado Ediciones, 2013) y “Correspondencias Secretas” (Ediciones Del Dock, 2015). Ha integrado, entre otras obras: “Antología Federal de Poesía. Región Patagonia” (Consejo Federal de Inversiones, 2014); “Poesía Río Negro. Las Nuevas Generaciones” (Fondo Editorial Rionegrino/ Universidad Nacional de Río Negro, 2015); “COMOE. Seis Poetas en Neuquén” (Ediciones De La Grieta, 2015); y “Plexocuentos. Narrativa y Gráfica de Argentina y Chile” (Centro de Investigaciones Poéticas Casa Azul, Valparaíso, 2016). Actualmente, vive en Villa La Angostura, donde dirige la revista de cultura “Rescate” .