Ir al contenido principal

Entradas

Madame Bovary Soy Yo

Nacer bien lejos, en el instante más alejado de la muerte. Crecer entre hombres callados, que no quieren hablar, que ocultan la existencia de la muerte. Adivinar en la siesta una ausencia similar a la de la muerte pero que, en realidad, no le llega ni a los tobillos. Y por fin, conocer la muerte verdadera, muerte de los pies a la cabeza: la muerte que no empaña los espejos, la muerte que lleva los ojos abiertos y la mirada muerta. Olvidar, por un instante, la muerte. Resucitar, renacer a la vida y ser inmortal: acariciar la vida desde las suelas hasta la frente y besar hasta el más áspero de sus suspiros. Hacer, tal vez, algo contra la muerte: amar, sembrar un hijo y plantarlo en el principio, bien lejos de la muerte. Presentir la muerte en la última pitada de un cigarrillo, en la vereda de una calle cualquiera o en la espalda de una mujer que se va. Aspirar la muerte, oler la muerte por los cuatro costados, sen...

Confesiones

En el principio te descubrí en un libro de salmos y después te perdí el rastro en la revelación. Me desentendí del caos, puse mis huesos y mi lengua al amparo de tu amor. Y después dirás que fue el tiempo el que zozobró este cuerpo, dirás que no soy el mismo, que la dura distancia deformó mis cauces. Te busqué fumando malvones en la vereda, plantando girasoles en mi cabeza, cantando, golpeando puertas hasta enmudecer. Y después dirás que nada es cierto, que sólo estuve esperando cielos errabundos, dirás que anduve sembrando el silencio a tus espaldas, comiendo el pan de un sol que ya se secó. Pasarán las palabras, se pudrirán los pasos, la memoria se desvestirá en espejismos y los talones de la luz anclarán en el viento y aún entonces seguiré desenredándote, triste, solo, insólito, inquieto, amado, odioso, desheredado dios.

Tolstoi

1 El viejo está sentado a la mesa, revolviendo la sopa fría con una cuchara de plata. Se siente tan lejos de su hogar, como un peregrino en los confines del universo. Está cansado. Ensimismado, mira los retratos que llenan la casa: en todos encuentra algo que le resulta vagamente familiar y le desboca la nostalgia. Entonces, recuerda con algún esfuerzo, se agacha y acaricia a la verdad, que duerme mansa junto al fuego. La verdad duerme apacible, sopesando los pasos y atemperando el tiempo. 2 Tus ojos lanzan llamas débiles y tus párpados apenas se sostienen aferrados a la frente árida. Mirás por la ventana y ves a los pájaros subiéndose a los pájaros y los días amontonándose con los días y te sentís tan lejos de casa. Te sentís tan difuso, mareado y loco, ralo y próximo a desaparecer. Vas a la deriva entre familias como ajenas y dormitorios despoblados, poniéndote alas compuestas a últim...

Árbol

Árbol fumando solo, esperando al tiempo. Tus penas son para el viento, tu silencio es de soledad. Jugaste al tiempo y perdiste, colgaste tus pausas del sol. Toserás tabaco y cuando entristezcas pactarás con la lluvia, pastarás del aire: sabrás por árbol, pero más sabrás por viejo. Sentirás hambre, pero hambre de dulce, árbol. Y cuando anochezca, partirás a tu propio encuentro, cuando oscurezca con los ojos abiertos dormirás. Árbol fumando el odio sin filtro, masticando el humo lerdo. Tus quejidos son para el viento, tu desierto es de soledad. Tus ojos y tus manos son del viento, pero tus piernas son del sol. Árbol de cuerpo, árbol demente, árbol de pie serás tu propio guardián: guardarás tu llanto. Y cuando amanezca, cuando el humo expire y las tímidas trenzas de la luna se sublimen, tonto árbol, rompiendo tus tibias, surgirás.

Guerra de los Mundos

Hijos de nadie somos, hijos de un amor que ya no existe (un nuevo silencio y algunos años acostumbraron al amor). Dios y el diablo comen del mismo plato, y nosotros somos las migas. En las aristas de todos los techos, la lluvia se cuelga para secarse y pensar. En los bares, cada cigarrillo está jugando a la muerte. Vacíos vasos volviendo convexo al mundo, vidrios inanimados derramando ángulos tiernos y dios, a último momento, remedando jirones del espacio. Padres obligados somos, padres de palabras y pobres de tiempo para animarlas (un viejo silencio nos aguarda en la esquina de cada verso). El diablo y dios se limpian los zapatos, y nosotros somos el barro. El hambre dibuja charcos en la vida, dibuja y pinta lágrimas atonales en los huecos del aire. Manos cóncavas deteniendo el tiempo a media calle, caras redondas desfigurando el sol. Narices llorando, ojos oliendo, y todos, a últ...

In Memoriam

Estas palabras pueden servir para cualquier principio o despedida. Estas palabras pueden ser leídas en el transcurso de un nacimiento o durante un funeral. Su sentido variará si fueren leídas por orden de aparición o alfabéticamente, de derecha a izquierda o viceversa, o leyendo solamente las palabras cuya primer letra fuere una ese. Estas palabras pueden parecer vanas, estas palabras podrían estar escritas en una lengua desconocida, similar a la que simulan estar ahora escritas. Estas palabras aparentemente (y acaso) sin sentido pueden servir para cualquier preludio o epílogo. Más en lo que callan que en lo que torpemente dicen están cifradas toda mi tristeza y mi esperanza.

Hoja de Ruta

Descanso entre los desordenados  abriles y los castaños agostos que se amontonan en esta tarde blanca, insolente. Amaso unas lentas líneas con un esfuerzo vago, intento recuperar algo de tu todo: un gesto inmóvil, una palabra cotidiana, un par de ojos. Tu abrazo invisible en la madrugada, los acordes de tus pasos inundando el cuarto, tu olor íntimo, intento recuperar todo lo imposible. Siento que tu recuerdo en mi memoria es una melodía mansa, insostenible, que entra silbando y se ríe, mintiendo un presente cada vez más lento, cada vez más desafinado. Te vas de a ratos, esa es la indestructible verdad, eso es lo que lloro con tinta visible entre ya pobres abriles y tristes agostos mientras desparramo estas líneas que nunca leerán tus ojos. Puerto Esperanza, Misiones, Julio de 2004