Ir al contenido principal

Euclides

Yo era una vela, y un día empecé a arder:
tuve una vida corta, me extinguí.
Después, fui agua y salí a llover,
bajé y me hundí hasta las rodillas en la tierra.

Crecí alto y fuerte, extendí todos mis brazos
y alcancé a ver a mis hijos y a mis nietos
hasta la séptima generación.

Entregué mi alma al suelo y me hice aire:
espié por cerraduras de puertas que fueron derribadas,
soplé infinidades de guirnaldas y vestidos.
Perdí la cuenta de los años, atravesé
mil eternidades y exhalé mi último aliento.

Volví al polvo, me hice tierra, crecí
a la orilla del camino y fui pisoteado.
Dejé que el viento jugara conmigo y me revelara
rincones secretos. La lluvia me fecundó y parí
árboles y flores que acaso justificaron
mi hondo silencio.

Después caí en la oscuridad,
sellé mi rostro en las profundidades
y volví a nacer.

Ahora estoy tirado
ojos arriba mirando el cielo
y siento lástima:
soy una nube atrapada

en el cuerpo de un hombre.

Comentarios